lunes, 19 de marzo de 2012

Tengo ganas de subir a la punta del cerro para poder mirar Santiago desde alto. Subir bien temprano, llegar hasta la Virgen y pedir perdón por todas las maldiciones que he tirado últimamente. Mi cabeza está sucia y no puedo escribir nada cuerdo. Por más que lo intento siempre llego al mismo lugar ¡estoy caminando en círculos!
Hoy pasé por su plaza, acto reflejo: agaché la cabeza, no fui capaz de mirar. Aún me cuesta (...) no sé cuándo podré hacerlo, odio esa plaza, odio el pajarito que está pintado en la entrada del edificio y sé que odio todo eso pero por no tenerlo. Mi consuelo es que pronto se me va a olvidar o me voy a aburrir de sentir su ausencia.



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